LA HERMANDAD DE LOS DRAGONES CAPÍTULO 10: KAHLI

MAR HERNÁNDEZ Y JOSÉ FERREIRA LIJÓ

CAPÍTULO 10: KAHLI

portada-los dragones para wattpad-C10

Kahli sabía que había cambiado para siempre, como si hubieran liberado su cuerpo de una prisión en la que llevara muchos años encerrado. La percepción del mundo también era diferente, más intensa, más viva y con unos matices que podía sentir aun cuando estaba con los ojos cerrados.

Necesitaba tiempo para asimilar y aceptar en lo que se había convertido ¿Y qué era eso? Pues no estaba muy segura. La habían llamado Drakolía, pero nadie le había explicado qué significaba ese término. Bueno, cuando despertara se preocuparía de averiguarlo. Por ahora prefería permanecer hecha un ovillo en su consciencia recuperada o ¿era su consciencia compartida?

La presencia que siempre había sentido en su interior seguía allí, pero ahora no tenía voluntad propia ni se dejaba llevar por los instintos básicos. No, ahora era Kahli quien mandaba y no podía estar más contenta por esa pequeña victoria. Ni las runas de la Archibruja ni la sangre negra que le dio Isrym le quitarían nunca más el control sobre sí misma. Estaba dispuesta a hacer cualquier cosa para cumplir esa pequeña promesa que se hizo en el mismo instante en que el poder de la magia le privó de sus facultades.

Kahli recordaba todo lo que había pasado desde que abandonó la tienda de la División de las Arpías y se elevó por los aires con el batir de sus nuevas alas. Era una sensación agradable poder surcar los cielos a su antojo y… la Drakolía mandaba y tenía un objetivo muy claro: el castillo.

La criatura sobrevoló el campo de batalla. El Ejército de la Hermandad había conseguido abrir una brecha en uno de los muros mientras un par de máquinas de guerra, que habían sobrevivido al ataque de los golems, se esforzaban por tirar abajo las puertas de la entrada principal.

La División de los Sin Cara, una sección de los brujos de la Hermandad, se disponía también a entrar en la fortaleza por la zona del jardín. Una pequeña parte del muro estaba muy dañada y sin el escudo mágico solo necesitarían sus báculos de metal para poder abrirse camino.

La Drakolía se dirigía a esa parte del castillo. Extendió las alas para planear alrededor de la torre más alta de la fortaleza, donde los ataques habían arrancado gran parte del bonito tejado picudo y su aguja mágica.

El objetivo de la criatura estaba precisamente en el edificio al otro lado del jardín principal. Sin apenas detenerse, la Drakolía atravesó uno de los ventanales del primer piso. Levantó la cabeza y olisqueó el aire como un animal. Sentía el aroma de esa sangre que le llamaba, la atraía sin remedio. Supo donde la encontraría.

Cruzó puertas, muros, arrancó estatuas y destrozó todo lo que se interponía en su paso. Llegó a una zona que se había derrumbado, escuchó el eco de unas voces. La Drakolía se relamió de gusto y descendió despacio entre los escombros. Con la paciencia de un depredador aguardó el momento oportuno para saltar sobre su presa.

Se escucharon gritos, pero ella no los entendió, estaba demasiado cegada por su instinto. Hubo una lucha, algo de dolor… el momento que había quedado grabado en la memoria de Kahli fue cuando la Drakolía consiguió clavar sus colmillos en el cuello del hombre. La sangre inundó de nuevo su boca. Sabía mucho mejor que la que Isrym le había dado.

En ese instante sintió una mano enorme sobre su frente, después se cerró en un puño que cogió algo enterrado en su mente; Ese algo que se resistió, se esforzó por huir, por extender sus tentáculos hacia la runa roja y dorada que había en el pecho de la Drakolía. Sin embargo no lo consiguió. El hombre tiró de esa cosa con más fuerza hasta que la arrancó y la aplastó entre sus dedos.

Kahli se sintió liberada, aunque ya era demasiado tarde para poder reaccionar.

Ambos cayeron al vacío.

El primer instinto de la Drakolía fue batir las alas para detener la caída. Se esforzó por remontar el vuelo mientras Kahli sentía como recupera el control del cuerpo. Todo era demasiado extraño y no pudo hacer nada más mientras continuaba precipitándose al vacío.

El golpe contra algo duro fue doloroso. El hombre se le escapó de entre los brazos y ella se quedó dónde estaba, aturdida, casi sin respiración. Al cabo de unos minutos consiguió moverse. Se incorporó despacio, se sentía muy extraña con su nuevo cuerpo. Extendió las manos y las flexionó varias veces. Las escamas habían desaparecido y sus dedos estaban a medio camino de volver a parecer casi normales, como el color de su piel.

Se tocó la cara y dejó escapar un suspiro de alivio. Todo parecía estar bien, en la frente ya no estaba el símbolo de Lura y hacia unos minutos que ya había dejado de sentir su poder controlador. La magia se disipaba con velocidad. Kahli se sintió feliz.

Recordó que quien le había liberado del hechizo de la Archibruja había sido él. Kahli se dio la vuelta, buscándolo. Se sorprendió al darse cuenta de que sus ojos podían ver casi a la perfección en la oscuridad y no le costó encontrar el cuerpo del hombre. Estaba en el suelo, a unos cuantos pasos del borde de la plataforma de piedra donde habían caído.

Ella se acercó despacio. Se sentía muy mal consigo misma por lo que había hecho y daba gracias en silencio a los Dioses por no haberse convertido en una asesina. Se arrodilló entonces al lado del cuerpo. Se fijó por primera vez en el rostro del hombre que estaba bocarriba.

– ¿Gideon? – Murmuró sorprendida.

Tenía las mismas facciones que el General de la División del Dragón Blanco, pero no era él. Aquel hombre tenía una expresión muy diferente, más relajada y amigable; El cabello negro, con las puntas y algunos mechones de un azul eléctrico muy curioso, además de estar plagado de adornos dorados.

Kahli estaba desconcertada y una infinidad de preguntas la asaltaron. ¿Quién era él? Recordando las palabras de Isrym llegó a la conclusión de que debería ser el fundador de la Hermandad de los Dragones, a quien el Gran Brujo quería muerto. ¿Por qué se parecía tanto a Gideon? ¿Eran gemelos?

No era el momento en pensar en ese asunto porque la herida en el cuello del hombre tenía muy mal aspecto con toda aquella sangre negra manchando sus ropas y el suelo. Por unos instantes recordó su sabor…

No debía pensar en eso tampoco.

Kahli sacó de los bolsillos de su cinturón todo lo que pudo encontrar para curarlo. Con mucho cuidado limpió la herida con un líquido desinfectante. Después le aplicó una generosa cantidad de un ungüento que olía a hierbas y le vendó el cuello tan bien como pudo.

Entonces dejó escapar un largo suspiro y empezó a notar lo mal que ella se encontraba. Le dolía todo el cuerpo, el costado era la peor parte. Se tocó la herida que el amigo del hombre le había hecho con una espada. No podía culparlo, seguramente estaría tan muerto de miedo como lo estaría ella en una situación similar.

Ahora le tocaba curarse…

Percibió que algo se movía a su espalda. Se puso en pie tan rápido como pudo, sosteniéndose el costado con una mano. Vio a unas criaturas que parecían perros pasearse por el otro extremo de la plataforma. Al principio eran dos, pero pronto se convirtieron en seis que enseñaban los dientes y gruñían.

Kahli miró a su alrededor desesperaba. Buscaba alguna salida en las paredes a las que se sujetaba la plataforma, enseguida se dio cuenta de que no la había. Entonces se fijó en el puente que cruzaba sobre ellos, podría llegar hasta allí ¿usando sus alas? Miró por encima del hombro hacia atrás y no las encontró. Asustada se esforzó por tocarse la espalda, habían desaparecido y en su lugar solo encontró su piel y dos grandes aberturas en el vestido. ¿Cómo era posible? No podía perder tiempo en buscar una explicación pues los bichos cada vez parecían más nerviosos.

Kahli miró de nuevo a la pared de roca, quizás sí podría salir de allí escalando, tenía unas poderosas garras… Pero enseguida se dio cuenta de que si optaba por esa opción significaba abandonar al hombre a su suerte. No, su consciencia no le permitía hacer eso.

Las criaturas empezaron a chillar un poco más alto, llamaban al resto del grupo. Kahli metió la mano en uno de uno de los bolsillos de su cinturón y después lanzó un puñado de partículas incandescentes contra el suelo, creando un semicírculo frente a ella y los bichos que iban a atacar.

Las criaturas saltaron hacia atrás asustadas en cuanto vieron la luz. Kahli sabía que aquel truco no los mantendría alejados demasiado tiempo, así que debía darse prisa y aprovechar la poca ventaja que había ganado.

Arrastró el cuerpo del hombre hasta situarlo en el centro de la plataforma, un poco más lejos de los perros que los acechaban. Después, sacó un montón de pequeñas hojas de papel de otro de sus bolsillos; las fue pasando una tras otras, buscaba algo muy concreto y lo encontró cuando ya iba por la mitad de sus apuntes.

-¡Aquí está! –Exclamó victoriosa.

Sacó unas cuantas tizas de colores, los elementos básicos para poder hacer el conjuro que esperaba que pudiera salvarles la vida. Se fijó en el papel que tenía en la mano y empezó a copiar el círculo que allí había en el suelo; tenía que ser lo bastante grande para poder rodear  el alto cuerpo del hombre que estaba en el centro.

-Nunca me podría haber aprendido esto de memoria –murmuró mientras comprobaba que sus trazos eran lo más parecidos a la representación que tenía en su hoja.

Sus partículas incandescentes se estaban debilitando y uno de los bichos-perro se atrevió a pasar por encima. Soltó unos chillidos espeluznantes cuando se quemó las patas y no tardó en retroceder hasta un rincón para lamerse las heridas. Por ahora, los demás permanecieron donde estaban.

Kahli ya había terminado su círculo mágico. Los trazos eran muy irregulares, nunca se le había dado bien dibujar y no iba a aprender de repente, aunque su vida le fuera en ello.

La joven repasó una vez más sus papeles y decidió añadir unas cuantas runas más, por si acaso. No tenía muy claro dónde debía situarlas así que eligió los lugares que le parecieron más oportunos.

La luz casi se había desvanecido y dos de los bichos más adelantados decidieron atacar. Ella dio un paso atrás dentro de su dibujo. Estaba convencida de que funcionaría…

Aktivashyon! –gritó.

Los dos bichos pasaron el círculo exterior y saltaron hacia delante sin que la magia se activara.

Kahli reaccionó por instinto, como ya había hecho cuando se enfrentó a las Arpías. Al primer perro le dio una patada que lo mandó hacia un lado y se despeñó por uno de los bordes; El segundo le mordió en el brazo, ella le golpeó con su garra izquierda tan fuerte que el bicho la soltó y cayó al suelo gravemente herido. De otra patada lo sacó del círculo mágico.

Kahli soltó un rugido de rabia y las criaturas retrocedieron un poco, por precaución.

Ella sabía que no conseguiría mantenerlos a raya durante mucho más tiempo. Cuando atacaran todos juntos no podría detenerlos.

Volvió a revisar sus papeles y se detuvo en la hoja donde habían representadas dos runas muy complejas. Debajo, ella misma había apuntado una explicación de cómo creía que funcionaban, y justo al lado había un párrafo escrito en mayúsculas con una caligrafía que le era inconfundible. Agatha le advertía de lo peligroso que podía ser para su salud usar algo así.

Sin embargo Kahli no tenía otra opción, ni tiempo. Se dejó caer en el suelo, apartó un poco el cuerpo del hombre hacia un lado y se apresuró a dibujar los dos símbolos en el centro.

La luz cada vez era más débil y las partículas ya se habían apagado en su mayoría…

Kahli unió las dos runas entre sí y luego al resto del círculo con trazos torpes, pero gruesos.

La luz se extinguió en ese instante, mientras ella se presionaba la herida de su costado.

Los bichos gritaron antes de atacar.

Kahli puso ambas manos manchadas de sangre sombre sendas runas en el centro de su círculo de protección.

– ¡Ignüs du shâng! –Gritó.

Los trazos se iluminaron con una poderosa luz roja y desde el círculo exterior se levantó una pared de llamas de unos dos metros que carbonizó a todas las criaturas que acababan de saltar hacia ella. Kahli sintió como lo símbolos absorbían casi toda la energía de su cuerpo, tal y como le advirtió su hermana. La cabeza empezó a darle vueltas.

La pared de fuego tembló durante unos instantes y después se expandió hacia el exterior, hasta que chocó contra los muros de la cueva. Las llamas arrasaron todo a su paso. Las criaturas apenas tuvieron tiempo de gritar, sus cuerpos quedaron calcinados casi al instante.

Cuando el fuego se disipó Kahli tenía la respiración muy acelerada. No quería perder el conocimiento de nuevo y extendió una mano para coger el montón de papeles donde estaban sus apuntes. Rebuscó deprisa alguno que pudiera servirle… sintió un mareo y se desplomó sobre el hombre. Hizo un último esfuerzo por mantenerse despierta, agarró una de las tizas de colores e intentó copiar otra de las runas en el suelo. No consiguió acabar el primer trazo, estaba tan agotada que perdió el conocimiento.

 

 

*        *        *

 

 

– ¿Pues explicarme por qué lo has hecho? – La voz de un chico arrastró a Kahli a la realidad que tanto rato estaba intentando evitar.

Ella no se movió. No abrió los ojos. Escucharía primero y decidiría qué hacer después.

Trammfilifate. – Respondió otra persona, parecía que masticaba algo.

– ¿Qué me tranquilice? – Le reprochó el primero, alzando aún más el tono-. ¿Cómo se te ocurre salvar al monstruo que ha intentado matarte?

-¡No es ningún monstruo! –Replicó una tercera persona, una joven que sonaba muy cerca de Kahli-. ¡Mírala! Si dan ganas de achucharla de lo monísima que es.

Kahli se esforzó por no mover un solo musculo al escuchar ese comentario. ¿De verdad estaba hablando de ella?

-¡Estáis locos, los dos! –Estalló el primero -. No dejo de preguntarme donde tienes el sentido del gusto, Zöe. Cómo puedes decir que eso es mono. Tiene garras en lugar de uñas, cuernos y una cola con aguijón. No sabemos cómo va a reaccionar cuando despierte, pero estoy seguro de que se comportará como el monstruo que es; un monstruo asesino, enviado por la Hermandad de los Dragones para matar a Ash y a todo el que se le ponga por delante.

Las palabras del chico le dolieron a Kahli. Era cierto que formaba parte de la Hermandad y quizás también fuera un monstruo, pero de lo que estaba segura era de que no era una asesina y de que no tenía cuernos…

-Como te gusta exagerar las cosas, Theo –replicó el hombre con tranquilidad.

-Yo estaba allí cuando te atacó, Ash. No creo que puedas razonar con esa cosa.

-No es una cosa. Es una chica, un poco especialita, pero una chica al fin y al cabo. Deberías empezar a aprender a tratarlas como es debido –le reprochó la joven con seriedad-. Si no te vas a quedar solo y amargado el resto de tu vida y no estoy dispuesta a cargar contigo.

-¡Pero que tiene que ver una cosa con la otra! – se desesperó el chico.

-Zöe tiene razón. Ya no eres un chiquillo, deberías mostrar más interés por las mujeres… ¡Oh! –Ash hizo una pausa- ¿Es que te interesan otras cosas? –Preguntó con tono burlón.

-¡Pero qué…! –Theo se interrumpió, estaba furioso y sorprendido a la vez. Kahli pudo escuchar como respiraba profundamente antes de continuar-. Por favor, dejad de preocuparos por mi vida amorosa y centraos –dijo muy serio-. Seguimos estando en peligro.

-¿Tienes algo más de comida? –Preguntó el mago cambiando de tema.

-No me ignores, Ash.

-No te ignoro, Theo. Estoy agotado y tengo hambre ¿seguro que no tienes nada más en tu bolsa?

-No. Te has comido todas mis provisiones.

-Vaya…

-A mí también me está entrando un poquito de hambre, después de todo lo que he tenido que hacer esta noche –dijo Zöe-. A lo mejor podría ir a por un par de trocitos de los bichos que he destrozado para salvarte, Ash. Estaría de vuelta antes de que Lord Velam haya conseguido abrir la puerta del laberinto.

-No creo que tarde mucho más, solo tiene que seguir el orden de los hechizos alrededor de la puerta y usar su llave –explicó Ash relajado-. De todas formas no te recomiendo lo de esos bichejos, Zöe. Ya lo intentamos una vez y te puedo asegurar que saben a rayos.

-¡Por todos los Dioses! Aparte de que lo que habéis dicho es asqueroso, es muy peligroso salir de aquí. Os recuerdo que las Dreidres no están muy lejos. Además, he leído en el Libro de las Profecías que la Hermandad ya ha tomado el castillo. Es cuestión de tiempo que nos encuentren, si lord Velam no se da prisa.

-¿Otra vez jugando con ese dichoso librito? Cuando te darás cuenta de que no funciona. Solo te hace perder el tiempo y preocuparte por cosas irrelevantes. Las situaciones y los problemas se resuelven en el presente y con la información que tienes en la mano –el mago había adoptado un tono condescendiente-. Como ahora, la puerta se abrirá cuando tenga que abrirse, ni antes ni después.

-El Libro de las Profecías ha evitado un desastre esta noche, te guste o no. Y si dejaras de ser tan testarudo y negar lo evidente, harías caso a sus predicciones que nos llevan advirtiendo que eso…  ella, es peligrosa. Iba a matarte y volverá a intentarlo.

-Eso no lo sabes, aunque no ha sido la única –replicó burlón-; tu abuela fue una de ellas.

– Seguro que tenía buenos motivos.

– Eso es lo que dicen todas –respondió Ash de manera despreocupada-, así que quiero saber cuáles son los de esta muchacha.

– Pertenece a la Hermandad de los Dragones y le ordenaron acabar contigo. Esas son sus razones y motivo más que suficiente para que la abandonemos.

– Es verdad –respondió el mago sin dejarse alterar por el estado de nervios del chico-, pero tú también intentaste matarla.

– Intentaba salvarte.

– Igual que hizo ella después. Me salvó la vida, tres veces.

– ¿Tres veces? –Preguntó sorprendida Zöe-. ¿Ves como no es tan mala como crees, Teddy?

-¿Teddy?

-Es como llamamos cariñosamente en casa a nuestro pequeño Theodorick –respondió ella con un tono muy orgulloso.

-Porque sabéis que no me gusta.

-¿Theodorick? No me habías dicho que te llamabas así.

-No estamos hablando de mi nombre –atajó el chico, parecía molesto-. Sino de cómo ella te salvó tres veces.

– Es cierto. Bueno, la primera fue al caer por el precipicio; Usó sus alas de monstruo para amortiguar nuestra caída. La segunda fue curándome el cuello. Y la tercera, con su círculo de protección –el hombre soltó una carcajada, muy divertido-. Necesito saber cómo consiguió hacer funcionar ese desastre. Tú lo viste, era…

– Ash, no entiendo nada de magia. A mí me pareció un ridículo dibujo de una cría de cinco años.

¡Cómo se atrevía ese niñato de nombre rimbombante a decir eso de su precioso círculo de protección! Quizás no fuera tan fino y elegante como los de Agatha, pero dadas las circunstancias estaba segura de que lo había hecho bastante bien.

-A mí me pareció muy bonito –intervino Zöe-. Y creo que funcionaba porqué usó su sangre con las runas principales de fuego. Si las alimentas bien, nunca fallan.

-Sigo sin entender cómo no has heredado ninguna cualidad mágica de Úrsula o de tu madre, Theodorick –dijo Ash y se esforzó por pronunciar de una manera muy exagerada el nombre.

-Es lo que nos preguntamos todos los días –respondió Zöe-. Es un misterio…

– Me llamo Theo y tengo otras muchas habilidades igual de valiosas.

– Sí, no obedecer a tus mayores es una de ellas.

– Como ya habéis dicho, no soy un niño así que puedo tomar mis propias decisiones.

– Por eso te pusiste a buscarme en lugar de ir a avisar a lord Velam. – Ash sonaba como un padre discutiendo con su hijo desobediente-. Tuviste suerte de encontrarte a Zöe y los soldados al girar la esquina.

-Sí, porque si te hubiera hecho caso ahora estarías muerto -replicó Theo, ya no parecía tan joven-. Zöe apareció por uno de los pasillos perpendiculares al que me indicaste. Si hubiera seguido el camino de baldosas nunca hubiéramos llegado a tiempo para salvarte.

– ¡Estaba todo bajo control! ¿Qué clase de mago crees que sería si me dejara devorar por esos bichos tan patéticos?

– Un mago viejo y acabado.

– ¡Ja! ¡Todavía faltan muchos años para eso, Theodorick! – Gritó Ash con orgullo.

– Eso espero porque si no salimos pronto de aquí no habrán más años para ninguno de nosotros.

– Siempre tan aguafiestas…

– Se dice “responsable” –el tono de Theo era más desenfadado -, porque uno de los tres tiene que serlo.

Kahli notó como se relajaba el tono de la conversación…

– Eres tan aburrido como Úrsula.

– Para gustarte tan poco mi abuela no haces más que hablar de ella.

– Yo no he dicho que no me gustara. Ella fue quien me dejó para casarse con tu abuelo. Soy una víctima.

-¡Pobrecito Ash! –Se burló Zöe.

– Hizo bien –dijo Theo-. Mi abuelo era un hombre muy respetable y mi abuela es muy querida entre mi pueblo.

– Eso es porque no la conocen lo suficiente…

Hubo un silencio y después los tres se echaron a reír. Parecían estar de acuerdo en eso.

Kahli ya había oído bastante. Ash le parecía alguien en quien confiar. Zöe era un poco rara, pero parecía estar de su lado, a pesar de todo.

Quien más le preocupaba era el chico que se llamaba Theodorick o Theo. Era el más directo y había repetido hasta la saciedad que ella no debería estar allí porque era un monstruo enviado por la Hermandad de los Dragones para matar al mago. En el fondo tenía razón, por mucho que le pesara a Kahli y lo único que podía hacer era demostrarle que estaba equivocado porque ella ya no quería ser parte de la Hermandad, ni volver a ser ese monstruo fuera de control.

Kahli tomó otras de las decisiones más difíciles de su vida y esperaba no equivocarse…

Abrió los ojos despacio. Estaba tumbada en el suelo y tuvo tiempo para observar la situación antes de que nadie se diera cuenta de que había recobrado el sentido.

La primera a quien vio fue a Zöe, estaba sentada en el suelo de piedra con las piernas recogidas hacia un lado. No se parecía a cómo Kahli se la había imaginado. Era una joven muy elegante, con el cabello rubio y con tirabuzones hasta la cintura. Llevaba una capa blanca con los bordes igual de dorados que sus anillos y pulseras. Zöe estaba mirando hacia la derecha, donde un grupo de civiles y soldados bastante numerosos se encontraban alrededor de una enorme puerta dorada y anclada en la negra piedra de la cueva en la que se encontraban. Kahli supuso que allí estaría el tal lord Velam intentando acceder al laberinto.

La caverna tenía forma circular y un techo tan alto que el fuego de las antorchas en los muros no llegaba a iluminar. Kahli se dio cuenta también de que había un montón de escaleras talladas en la roca que descendían siguiendo la curvatura de los muros hasta el nivel en el que se encontraba la puerta dorada. Los escalones nacían de innumerables aberturas en las paredes, situadas a alturas muy diferentes. Algunas estaban cerradas con verjas de hierro antiguo mientras que frente a otras podían verse algunos vigilantes.

-¿Cómo te encuentras? –La pregunta le hizo dar un respingo aun estando en el suelo tumbada.

Kahli miró hacia delante y se encontró con que Ash se había arrodillado justo en frente. ¡Cómo se parecía a Gideon! Sintió como sus mejillas se sonrojaban a tenerlo tan cerca y enseguida se obligó a desviar la mirada. Se fijó en las ropas del hombre manchadas de sangre negra, pero no encontró ni venda ni herida en el cuello.

– ¿Dónde… estoy? – Se atrevió a preguntar con voz débil mientras se sentaba, agarrando la capa con la que había estado tapada hasta ahora.

Kahli vio como el chico, quien debería ser el tal Theodorick, se acercaba también. Por su forma de hablar ella creía que sería más estirado, más mayor y más… normal. Tenía media cara pintada de verde y su cabello parecía la llama de una hoguera que conseguía iluminar todo lo que estaba a su alrededor. ¿Qué clase de criatura sería?

– Estamos debajo de mi castillo –respondió Ash orgulloso -. En una ruta de escape secreta.

– ¿Por qué no le das un mapa también?

– ¡Ya te has despertado! –Exclamó Zöe poniéndose de rodillas junto al mago, parecía muy feliz-. ¿Ves, Teddy? Es una chica perfectamente normal –miró al joven de reojo durante unos instantes, sonriendo de una manera muy exagerada.

-Sí, muy normal –respondió él en un murmullo.

– ¿Te encuentras bien, encanto? ¿Te duele algo? –Le preguntó la joven muy preocupada y dedicándole toda la atención- Estoy segura de haberte sanado del todo, pero nunca se sabe.

Kahli estaba sobrepasada. No sabía muy bien qué hacer ni cómo reaccionar. Zöe era tan encantadora que le recordó a su hermana Agatha y sintió una punzada en el corazón. No, no podía echarse a llorar ahora… Desvió la mirada hacia el mago y no pudo evitar quedarse unos segundos embobada por sus extraños ojos. ¿Qué tenían él y Gideon que la hacían sentirse tan idiota?

La joven miró de nuevo a Zöe, no le salían las palabras. Estaba confundida y seguía avergonzándose de lo que había estado a punto de hacer, pero no había sido ella, la habían obligado con las runas y la sangre.

-Dale un poquito de agua, Teddy –dijo Zöe.

Theo obedeció a regañadientes y tendió a Kahli un pequeño odre sin acercarse demasiado. Ella bebió con ansia. Tenía muchísima sed y no se había dado cuenta hasta ese momento.

– Despacio –la detuvo el mago-, si bebes tanto criarás ranas en el estómago.

Kahli no pudo reprimir una sonora carcajada y el agua de la boca se le escapó hacia delante. ¡No esperaba un comentario tan infantil!

– ¡Por fin, alguien con sentido del humor! – Exclamó Ash con una amplia sonrisa-. Bueno, es hora de las presentaciones. El finolis –señaló hacia atrás- es Theodorick Loth…

– ¡No hace falta que le des más detalles! – Lo interrumpió el joven-. Y mi nombre es Theo.

– Es un poco introvertido, no se lo tengas en cuenta –añadió Ash en voz baja-, es un buen muchacho.

-Te he oído.

-Ella es Zöe –continuó-, y por mucho que le disguste, la madre de Theodorick.

La joven puso los ojos en blanco.

-No me lo recuerdes… -dijo fingiendo exaperación.

-¿Su… madre? –Preguntó Kahli atónita.

Miró a Theo y miró a Zöe, la diferencia de edad que podía haber entre ellos apenas llegaría a los cinco o seis años. No entendía como podían tener ese parentesco.

-No te dejes engañar, pequeña –dijo Ash, con esa sonrisa ladeada tan característica en él-. Zöe es una maga…

-Una gran maga –le corrigió la aludida alzando la barbilla con orgullo.

-Que se conserva joven… -continuó el mago.

-Y  hermosa –añadió ella sin perder su sonrisa.

-Con magia.

-Como este vejestorio de aquí –explicó Zöe señalando al mago justo a su lado -. Aunque a mí se me da mejor.

-Tienes suerte de que esté agotado, sino te iba a enseñar lo que puede hacer este vejestorio, niña maleducada –replicó Ash intentado parecer ofendido, pero no puso demasiado empeño-. Yo me llamo Ashton Graykon, pero puedes llamarme Ash –dijo dirigiéndose a Kahli y sin perder esa media sonrisa- ¿Y ahora, dime, quien eres tú y por qué la Hermandad te ha mandado a matarme?

Kahli abrió los ojos sorprendida. No esperaba una pregunta tan directa y con ese tono tan cordial. Entonces se fijó en que la mano izquierda del mago estaba un poco escondida en su espalda. Podría estar preparando cualquier ataque. Estaba segura de que su vida dependía de la respuesta que diera en ese momento.

-¿No sabes qué decir? –Preguntó Theo con arrogancia.

Kahli lo miró. Estaba tan expectante como Zöe, quien se había inclinado un poco hacia delante. ¿Qué debía responder? La verdad: que habían sacado el monstruo que llevaba dentro, le habían dado el control con las runas y luego le habían dado una sangre negra para que encontrara al mago mientras ella no podía evitar lo que estaba haciendo.

Las palabras no le salían.

– No… No me acuerdo.

Kahli mintió porque tenía miedo; porque no quería regresar con la Hermandad y porque ella no era una asesina.

– ¿Qué? – Theo no estaba nada convencido.

– No recuerdo nada – continuó mintiendo mientras se llevaba una mano a la frente.

– ¿Ni si quiera tu nombre? –Preguntó la maga con suavidad.

-Nada, ni mi nombre, ni de dónde vengo, ni qué hacía antes de despertarme…

Los ojos de Kahli se empañaron, no estaba fingiendo del todo porque después de lo que había pasado solo quería llorar. No se sentía orgullosa de lo que estaba haciendo, pero no había podido confesar la verdad ni delante de ellos ni de sí misma.

-No te preocupes –dijo Zöe-. Cuando estemos a salvo veremos qué le pasa a esa cabecita. Seguro que será fácil recuperar tus recuerdos.

Kahli asintió. Esperaba poder abandonarlos cuanto antes.

-Qué casualidad que lo hayas olvidado todo de repente, Drakolía –dijo Theo.

El joven cruzó los brazos y clavó sus ojos verdes en Kahli. Ella le sostuvo la mirada durante unos instantes, tendría que esforzarse mucho si quería engañarlo a él también.

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