10 CLAVES PARA FORJAR A UN ESCRITOR

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¿Quieres llegar a ser un escritor profesional?

E.Q. de la Torre nos presenta sus 10 claves para conseguirlo porque hoy en día no basta con sentarte y teclear en tu ordenador; un escritor moderno tiene que forjarse en muchos campos ¿quieres saber cuáles son? Te invito a descubrirlos en este artículo.


 10 CLAVES PARA FORJAR A UN ESCRITOR

Cuando Mar y yo hablamos de intercambiar un artículo me sugirió que hablara de qué me llevó a escribir por primera vez. Reflexioné sobre ello, incluso busqué un artículo con ingeniosas respuestas de multitud de autores de renombre; muchas de ellas las suscribo aquí, desde la enumeración de Lucía Etxebarria hasta el sencillo “porque me gusta” de Umberto Eco.

La mayoría de entrevistados del artículo anterior se centran en por qué la escritura es su profesión; pero si lo tomamos en un contexto más amplio, que dé cabida al escritor aficionado, la mejor respuesta que se me ocurre es:

1. ¿Por qué no escribir?

Antes de hablar de escribir como profesional, deberíamos preguntarnos por qué escribimos por afición, (porque ya escribes frecuentemente, ¿verdad?). Plantearse siquiera ser profesional sin tener un hábito es un disparate mayúsculo. Hay quien piensa que si tuviera un par de ratos libres podría escribir un best seller sin más práctica previa que rellenar los formularios de Hacienda; entre nosotros: alucinan en colores.

 El paso ineludible de escribir por afición puede nacer de mil posibilidades: algunos empiezan escribiendo un diario, otros imaginan fanfics de sus series de televisión o libros favoritos, quizás tengas una persona especial con la que te guste intercambiar cartas (virtuales o reales), puedes ser un jugador de rol y querer relatar esas aventuras, o llevar un blog de viajes, recetas, de videojuegos… La motivación más “pura” reside en querer plasmar ideas originales de tu mente antes de que huyan en el tren del pensamiento.

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Este es el tren del pensamiento*: El elefante rosa es el señor que pretende crear su primer best seller sin haber escrito más de un folio seguido en su vida; la chica brillante y feliz representa a la escritora aficionada; la azul con gafotas y cara triste es sin duda la escritora profesional.


Después de adquirir el hábito, con el tiempo, quizás te des cuenta de que escribir es una parte de ti, en ese momento es razonable pensar en convertirte en un profesional.

Yo empecé a escribir con regularidad desde que jugaba a rol, hará ya doce años. Escribir era un medio para dar profundidad a mis personajes y mi interpretación dentro del juego; de ordenar y compartir la entretenida historia que creé con mis compañeros tras un buen puñado de horas.

Cuando me convertí en “director de juego” empecé a pensar en qué era mejor para todo el grupo, en lo que daba un resultado más emocionante, más memorable; debía tener muy en cuenta las motivaciones de los enemigos y las subtramas de cada personaje. Esta experiencia me acercó a la visión del escritor.

2. ¿Por qué ser escritor profesional?

Esta es una pregunta muy personal. Si la respuesta es “para forrarte” te vas a llevar un gran fiasco; si tienes suerte lo normal es que tras mucho tiempo te dé para ganarte la vida de forma similar a la de cualquier otro trabajo “normal”. Si de verdad disfrutas escribiendo y quieres dejar tus textos para la posteridad, no tiene por qué ser mal plan ganarte así la vida, pero es una meta a muy largo plazo.

Yo me metí en esto hace cuatro años. Fue en un momento difícil de mi vida con la muerte de mi abuelo, problemas de salud y mi aversión al nuevo plan de estudios de la universidad. Tenía que reordenar mis prioridades; ahí me di cuenta de que llevaba ocho años escribiendo de forma regular, que era lo único que no había abandonado a lo largo del tiempo. ¿No era esa la definición de vocación? No sabía dónde me metía por buscar una salida a mi mala racha.

Ese día la escritura pasó de ser un hobby a convertirse en una profesión y una terapia. Lo hice de forma rebuscada, grandilocuente, pensando que así lo haría un buen profesional. El combo de migraña y disfraz de escritor fue nefasto; en mi época de aficionado escribí relatos de los que aún hoy, con sus errores, estoy satisfecho, mientras que el capítulo de la novela era lo peor que había escrito nunca.

 Podría haberme rendido, llevaba diez mil palabras que no valían el papel para imprimirlas, y no voy a negar que me desmotivé. Sin embargo no tiré la toalla, analicé el capítulo y localicé los errores más obvios, hice las correcciones pertinentes y, tras ver que aún era mejorable, comprendí que una idea clave para avanzar es:

3. Proponerte nuevos retos

Tras seis meses la cosa seguía sin cuajar, en ese momento me di cuenta: necesitaba ampliar miras, buscar nuevas fuentes, ayuda. Internet es una gran herramienta para aprender, así que le di un buen uso. Una de las primeras páginas que encontré fue un taller gratuito: Literautas.

En este taller, basado en ideas y retos propuestos desde su web, tenías la obligación de leer y criticar a otros tres participantes para que tu relato fuera publicado. Mucha gente no valoraba este ejercicio: leer los textos de tus compañeros, esforzarte en mirarlos con ojo crítico, analizar los defectos y resaltar las virtudes era la parte más instructiva. En los primeros meses aprendí tanto de errores ajenos como de los propios y esta experiencia marcó un primer gran salto en la calidad de mi escritura.

 La gran pega del taller era su tope de 750 palabras por relato. Uno de los errores más importantes cuando empiezas a escribir novelas, después de haber estado escribiendo historias cortas, es pensar que un libro es simplemente un relato más largo. No es así, un libro aborda las historias desde una perspectiva más profunda; un buen libro genera subtramas, hilos paralelos que se abren y cierran a lo largo de toda la historia (más te vale no dejarlo todo para el final); una historia larga ha de ser un todo cohesionado y a la vez discurrir por senderos alternativos a la trama principal, así que:

4. Prepárate para profundizar en tus historias

Las subtramas están fuertemente ligadas a la necesidad de profundizar en tus personajes literarios, son causa y efecto; por culpa de la profundidad de esos personajes a veces te puedes alejar demasiado de tu verdadera ruta y terminar en un páramo desierto imposible de reencauzar.

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En cierta forma las tramas y personajes secundarios son como una hidra a la que cuando cortas una cabeza le salen otras dos. Además, cada cabeza tiene un nombre: Trauma Infantil, Redundancia, Lámpara Sexy, Opinión del Autor, Irrelevancia, Mary Sue, Secundaria Badass

¡Mucho cuidado con el monstruo, escupe un icor venenoso formado por la sustancia más tóxica conocida! Los prejuicios.

Para vencerlo, es necesario armarse con la espada de la concreción y el escudo de la experiencia.

 

 

 

 


Para evitar caer en los vicios de escritor manido existe la figura del lector cero, un profesional a quien pasar tu manuscrito antes de publicarlo al mundo: él te indicará los puntos débiles de tu obra. Como es mejor prevenir que curar, lo mejor para no desviarte en tu novela es hacer un buen trabajo previo de documentación, escaleta y sinopsis completa que te deje muy claro lo que quieres contar. Hay muchos métodos para planificar una novela.

En mi periplo escritoril tras un tiempo de práctica con esto de las subtramas decidí dar un paso más y usar una página medio escondida de Deviantart para acumular mis relatos, traducciones, poesías y dibujos. No era tan consciente, como lo soy ahora, de que una de las facetas más importantes para ser un escritor profesional es:

5. Darte a conocer

Es muy tentador para el novel hacer cábalas donde el día de la publicación de tu novela la editorial hará sonar tambores y colocará una alfombra roja. Incluso si eres autor autopublicado tiendes a pensar que a la gente le interesarán tus relatos, las reseñas al autor revelación serán deslumbrantes, la portada de tu libro hará que los lectores se peleen por adquirir los últimos ejemplares y haya reventas de la primera edición. Bien, si nadie te conoce de nada, esto no va a ocurrir.

            En mi caso tuve la pequeña alegría de ser publicado en la antología anual de Literautas, además de ir dejando enlaces a donde acumulaba mis primeros relatos de Deviantart. Algún incauto dirá “no está mal”; pues bien, publicar en la antología, trabajar en media docena de relatos propios y corregir veinte ajenos tuvo un impacto publicitario cero. No avanzaba en esta parte tan importante, así que busqué un nuevo reto.

Una revista de aficionados sobre temas japoneses buscaba nuevos miembros; aunque la temática manga era algo a lo que ya no dedicaba tanto tiempo, y Kéningar, mi proyecto, es fantasía occidental, me pareció una gran oportunidad para practicar. Contacté con ellos y me aceptaron.

Primero pensé que tenía muchos relatos para ofrecer a la revista, pronto descubrí que otras ocho personas hacían cola ofreciendo eso mismo: eso era lo fácil. Por otro lado, no había nadie interesado en llevar la sección de cultura japonesa, sin duda la más seria y difícil de la publicación.

Acepté el reto de escribir sobre cultura y también me ofrecí de corrector. Fue la decisión correcta, mi sección en la revista se volvió la más esperada. Gané mucha experiencia en redactar artículos, aprendí cómo documentarme e incluso abrí un blog recopilando mis artículos y algunas entradas más.

Me faltó saber canalizar y evitar que se enfriase ese interés generado durante mi temporada en la revista, si me hubiera organizado mejor podría haber tomado relevo de la revista con mi blog, haber creado seguimiento en las redes sociales o incluso haber sincronizado el lanzamiento de mi libro en aquel momento. Sin embargo apenas tuve tiempo para eso ya que:

6. Debes evitar que las tareas secundarias te devoren

A pesar de lo bien que pinto Literautas, la revista y demás tuvieron un precio: olvidé avanzar en mi novela. Bueno, no me olvidé, sino que la dinámica de relatos y artículos devoró mi tiempo. Convertirse en escritor profesional y autopublicar es una cruzada contra un monstruo colosal que ataca por todos los frentes.

Busqué ayuda en mis amigos, pero es realmente difícil encontrar personas que vayan a poner tanto interés como tú en un proyecto tan exigente. Debes asumir que estás solo en esta aventura. Al contrario que con otras carreras en las que tu familia te ve un brillante porvenir, nadie está ahí para apoyarte en el lío de ser escritor, para decirte que no te rindas por ese bache (o socavón); tienes que ser tú quien recoja tus pedacitos y los recomponga si reúnes la fuerza de voluntad suficiente, porque esto es muy difícil.

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La autora de Harry Potter, J. K. Rowling, confesó en una entrevista que sus “dementores” eran una representación de sus temores como escritora: el miedo a que su historia no fuera lo bastante buena, que todos esos años de trabajo culminaran en algo que no llegara a ser publicado, o que de serlo, no le permitiera pagar las facturas acumuladas y se mostrara como un fraude.


Si a pesar de todas las dificultades crece tu éxito notarás que se multiplican las propuestas que te hacen, al igual que los correos de fans repletos de dudas existenciales; y te saturarás. Por eso digo que uno de los grandes retos de convertirse en escritor profesional es el exceso de frentes; hay quien puede manejar más que yo, pero hasta el más trabajador tiene un límite. Si te metes en demasiados proyectos, tu vida profesional y personal se irá al garete y al final querrás cortar por lo sano.

Por eso, lo mejor que te puedo decir es:

7. Habitúate

La única vacuna contra el exceso de frentes es empezar a organizarse de forma realista. Crear hábitos poco a poco. Leí blogs donde recomendaban crear hábitos de escritura para sumar 10.000 horas a la larga, sin ponerte metas heroicas. Algo tan simple como sentarse a diario sin falta y avanzar en uno de los proyectos. Olvidarse de trabajar solo los días de inspiración, solo cuando se está de humor o solo cuando las prisas aprietan.

Me marqué un objetivo mínimo de trescientas palabras diarias. Aunque parezca insignificante es más de una página de novela y lleva menos de una hora. Es una marca muy buena para esos días en los que te levantas con migraña o bajón. Si a eso le sumamos los días en los que nos sentimos con ganas de escribir y multiplicar esas trescientas palabras, los proyectos avanzan a velocidades increíbles. Con esta rutina en seis meses he conseguido escribir tres capítulos de mi novela, he acabado tres relatos para concursos y estoy gestionando los contenidos de mi blog.

Espera un momento, aquí he dicho algo interesante:

8. ¿Y los concursos?

Hace pocos meses conocí el interés de otro amigo por escribir un libro mientras lo compaginaba con su trabajo diario. Le eché el sermón sobre lo difícil que era mantener el ritmo y desarrollar un proyecto tan largo como una novela; él me aseguró que era muy disciplinado y no tendría mayores problemas. Luego le hablé de la dificultad de colocar un libro a una editorial y me respondió: “para eso están los concursos”.

Por un momento pensé que mi amigo lo tenía todo tan bien atado que igual debía pedirle consejo yo a él. En realidad, ganar un concurso literario es casi tan difícil como ganar la lotería: entre los participantes encontramos gente ilusa y sin mucha experiencia, sí, pero también a escritores que han dado el callo mucho tiempo y todavía no han encontrado su hueco en el mundo editorial. Si participas competirás con todos, con personas que igual aparcaron todo lo demás para perseguir sus metas.

De todas formas es mejor no ahogarse en las pegas y, en vez de eso, preguntarnos: ¿por qué no lo estoy intentando yo? No hace falta ganarlos para sacar algo positivo de ellos, sin embargo la posibilidad es un ingrediente motivador. Lo importante es que si quieres ser un escritor de verdad necesitas medirte con otros escritores de verdad.

Descubrí todo tipo de concursos, temáticas y tamaños; algunos con premios que parecen demasiado buenos para ser ciertos, otros más modestos que solo ofrecen publicarte; hay concursos para relatos de dos folios, de veinte y de novelas enteras. Tras sopesarlo me propuse: ¿qué tal si un mes avanzo en mi proyecto y otro lo dedico a presentarme a un concurso? Así hice, repartí mis meses entre concursos y novela con resultados productivos.

Porque la productividad es clave, y para serlo:

9. Fórmate

Antes mencioné que a partir de ahora te vas a medir con personas que han dedicado su vida a la escritura, años de carrera, experiencia editorial, contactos… Es de cajón que si quieres ser escritor como ellos necesitas formación, invirtiendo dinero si es necesario. No quiero decir con esto que las carreras de letras sean imprescindibles para escribir libros de éxito, subrayo que la literatura es una materia que requiere trabajo. Un taller como Literautas con las revisiones de tus compañeros está muy bien para empezar, no obstante tus compañeros están en las mismas condiciones que tú.

Muchos escritores experimentados son conscientes de esta necesidad y han abundado en crear blogs, talleres y libros. Cada opción tiene sus ventajas: en los blogs puedes dejar comentarios y preguntas, relacionarte un poco con el autor y su comunidad. No obstante, el artículo más largo tratará siempre de forma más superficial el tema que el libro más ligero (bueno, que los medianamente ligeros); los libros gozan de más profundidad y la posibilidad de revisarlos cuando quieras hasta comprender la explicación; y un taller tiene la ventaja de poder preguntar directamente al profesor tus dudas y de que él revise tu trabajo a ver si realmente comprendiste la materia o te has hecho un lío.

Ah, eso sí:

10. Cuidado con las trampas

Para terminar me gustaría advertiros que tengáis cuidado. Como en cualquier oficio, siempre hay aprovechados que juegan con nuestros sueños para sacarnos unos durillos. En este sector los más reseñables son los vendedores de talleres y libros mágicos sobre vender libros que luego son humo y algunas editoriales que tratan de convencer al escritor de pagar sus propias ediciones para quedarse con los derechos de sus obras por contrato. Un contrato que a partir de ese momento le obligará a publicar su libro bajo las pésimas condiciones firmadas con ilusión e ignorancia. Me temo que saber distinguir el grano de la paja, la formación de la trampa, es cuestión de experiencia y de leer con calma la letra pequeña.

Yo no me he visto en la situación de verme atrapado por un contrato abusivo, por suerte. Aunque sí se han puesto en contacto conmigo un par de editoriales, capaces de hurgar en los más recónditos rincones de Deviantart, para animarme a compartir mis obras en su web. Hasta ahí bien, de hecho lo hice con relatos que no son de Kéningar; poco después vi cómo esas editoriales quitaban de mis relatos los enlaces a mis páginas al publicarlos, cómo sus webs eran un sufrimiento para navegar o cómo no funciona el botón de “cancelar suscripción” de su boletín. Se te quitan las ganas de seguir compartiendo incluso relatos sin pretensiones, no hablemos de publicar y meterse en una relación contractual con ellos.

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Si el sitio está oscuro, es húmedo y empieza por unos dientes afilados, igual es la boca del lobo.


En resumen:

  • Para ser un escritor profesional, primero es imprescindible ser un escritor aficionado empedernido.
  • Una vez pasas de aficionado a la liga profesional sé consciente de que no eres bueno. Como en los deportes, el mejor de su liga es el colista del siguiente nivel.
  • Cuando eres consciente de tus deficiencias debes solucionarlas con formación y práctica.
  • No se pueden solucionar estas deficiencias empeñándose en hacer siempre lo mismo ni, desde luego, de un día para otro.
  • Es normal y lógico que des tumbos y tropieces en tu carrera, toca hacer callo.
  • La impaciencia y falta de premeditación son tu peor enemigo. Valora detenidamente cada oferta que surge.
  • Te van a hacer falta toneladas de paciencia y tesón.

*Imagen del tren del pensamiento según Inside Out (“Del revés” en España e “Intensamente” en América latina) película recomendable para pequeños y mayores inquietos. Si la visteis sabréis cómo termina el “elefante del best seller”.

La hidra es obra de Camus Altamirano


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E.Q. de la Torre

Esforzado forjador de mundos.

Cual artista del Renacimiento estudio multitud de disciplinas y apilo ideas alocadas. Comparto lo que he aprendido en mi bastión de Kéningar y donde me dejen colaborar con mis artículos, historias y libros fantásticos.

 

 

 

 


Esta es una colaboración con Mar Hernández, puedes leer su artículo sobre Cómo crear personajes literarios con técnicas visuales en Kéningar.


4 comentarios

  1. Totalmente de acuerdo con todo, excepto con el tema de formación. Como comenta Gabriella Literaria en FB (aunque ella lo añade, no lo sustituye), yo lo sustituiría por la lectura crítica de novelas y práctica, práctica y práctica.

    Más que formación, mi opinión es que los talleres pueden servir para desarrollar el hábito y marcar metas, pero no creo que aporten mucho en formar como escritor (a no ser que los encadenes uno tras otro, lo que refleja falta de constancia más que necesidad de formación), además de para establecer algún contacto con el mundo profesional y si eres suficientemente bueno, tener más posibilidades de que te publiquen. Por otro lado, si bien hay talleres impartidos por autores más o menos conocidos, también los hay donde el profesorado tiene un libro o ninguno, más que la carrera de filología (con todo mi respeto).

    En fin, soy de la opinión de que un taller puede ser sustituido con mucha lectura crítica y mucha escritura, y de que en general, han surgido más como una respuesta a una demanda que porque realmente sean útiles.

    Le gusta a 2 personas

    • Gracias por el comentario.
      Estoy muy de acuerdo con lo que Gabriella ha añadido respecto al artículo.
      Yo creo que se pueden compaginar las dos cosas, sobre todo cuando estas empezando. Leer y practicar es imprescindible para convertirse en un escritor profesional, pero también creo que algunos talleres, de vez en cuando, ayudan a asentar conceptos (si son talleres de los buenos porque yo también he encontrado timos pro ahí).
      Estoy de acuerdo contigo en que no es muy buena idea encadenar un taller detrás de otro, con uno al año creo que hay de sobra. Y pienso igual que tu respecto a que hay que escribir y leer mucho.

      Le gusta a 1 persona

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