2016: LIVING LA VIDA

Se supone que esta entrada la tenía que haber publicado unos días antes del final del 2016, pero ciertos contratiempos me lo han impedido (sí, las comilonas familiares y un autoregalo han tenido gran parte de la culpa, pero la principal razón ha sido la falta de una buena conexión a internet. ¡No soy nadie sin internet!). Después de la locura navideña he retomado este artículo porque creo que es interesante dejar un resumen de estos doce meses atípicos. Puedo asegurar que he vivido más experiencias en estos 365 días que en los últimos diez años.

Como ya sabréis, y si no estáis al tanto ahora os lo cuento, mi pareja, Kike, y yo decidimos en septiembre del 2015 vender todas nuestras posesiones y dedicarnos a viajar por el mundo mientras trabajabamos en el desarrollo de nuestro videojuego Rise & Shine. La “criatura” ya está a la venta en Steam y Xbox One, por si a alguien le interesa.

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Rise&Shine tráiler

 

Después de unos tres meses de prueba al final del 2015, para ver si eso de viajar por ahí nos gustaba, decidimos lanzarnos a la aventura de vivir como nómadas durante todo el 2016.

En este video “Super Mega Team: Nomads and game developers” hacemos un resumen de nuestras vidas nómadas desde un punto de vista más profesional. El video está en inglés con subtítulos en español.

Me gustaría aclarar un pequeño detalle. Aunque nuestra vida parezca glamurosa he de confesaros que ha sido bastante difícil. Llevar el desarrollo de Rise & Shine, desarrollar una rutina diaria de escritura, cambiar de residencia a menudo, buscar los lugares de estancia, los vuelos y un montón de cosas más nos han obligado a ser muy disciplinados con nuestras vidas. Detrás de los buenos ratos y las bonitas fotos hay horas de esfuerzo, trabajo y muchos sacrificios.

Espero que disfruteis con este resumen y así, de alguna manera, acompañarnos durante este único e irrepetible 2016.

 

ENERO

Las Navidades son para estar con la familia y los buenos amigos.

Odio el frío y hace dos años me prometí a mí misma que huiría del invierno siempre que me fuera posible, así que después de las típica yincana de comida navideña, nos subimos a un avión con destino Kuala Lumpur, Malasia.

No era la primera vez que estábamos por esas tierras tan calurosas (algo que me encanta), aunque en esta ocasión íbamos con la idea de quedarnos a vivir allí durante seis meses para acabar nuestro juego. ¡Qué ilusos!

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Nada más llegar a Kuala Lumpur nos recogió del aeropuerto un buen amigo, Jeff. Los tres estábamos muy felices porque no nos veíamos las caras desde hacía años.

Dicen que todo lo bueno se acaba y a mí la felicidad solo me duró una hora. Al llegar al edificio donde teníamos alquilado un piso de airbnb, me torcí el tobillo en una rampa. La articulación hizo crack, yo me fui al suelo con mi cansancio y la mochila del portátil de 10 kg. La peor experiencia de mi vida, hasta ese momento.

La gente se acercó para ayudar y yo acabé con una bolsa de empanadillas congeladas para la hinchazón del tobillo.

ATENCIÓN: drama time on.

Entre el cansancio del viaje y la preocupación del accidente, Kike empezó a ver las cosas muy negras. Estaba convencido de que regresaríamos a España en el siguiente vuelo.

“De eso nada”, dije yo. No me había cruzado medio planeta para volver por una torcedura de tobillo. Ya había sufrido lesiones similares, así que sabía cómo tratarla. Además, Mr. Google acudió en mi ayuda: un par de videos después ya tenía mi vendaje compresivo y estaba lista para comenzar con la caza de pisos (después de las 24 horas de descanso de rigor).

ATENCIÓN: drama time off.

 

Nuestra búsqueda de vivienda fue un auténtico desastre: nadie quería alquilar para seis meses.

Tras dos semanas y media de saltar de un airbn a otro a la espera de encontrar una residencia de media estancia, cambiamos nuestros planes. Nos quedaríamos en Kuala Lumpur hasta el 28 de marzo, que era el día en que teníamos los billetes de autobús para ir a Singapur.

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Algunos de los lugares en los que tuvimos que trabajar mientras buscábamos piso.

Encontramos en airbnb un piso con todo lo necesario para seguir con el desarrollo de Rise & Shine durante los siguientes dos meses.

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Nuestra base de operaciones definitiva en Kuala Lumpur.

 

 

FEBRERO

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Algunas fotos de la aventura de Kuala Lumpur.

 

Una vez instalados en nuestra nueva residencia, creíamos que ya se habían acabado los problemas. Ja, ja, ja. Me río ahora, pero no me hizo mucha gracia en su momento.

Kike acabó en el médico por problemas respiratorios. Durante el tiempo que estuvimos en Kuala Lumpur no dejó de toser ni con medicación. La culpa de su pésimo estado de salud la tenía la contaminación atmosférica de Kuala Lumpur.

No todo fue malo.

Después de una semana, y dejando de lado los problemas de salud, estábamos bien. El proyecto avanzaba a buen ritmo y nuestro día a día era fácil porque no teníamos que cocinar (era una tortura para nosotros).

Cerca de casa encontramos un “food court” donde la gente local iba a comer. Sé que mi madre habría salido corriendo al ver el lugar. No estaba sucio, sino gastado y viejo. Sin embargo esos detalles eran sinónimos de que la comida era buena y barata.

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Comida callejera. Sí, eso rojo pica mucho.

Éramos los únicos occidentales que se atrevían a entrar allí, todo el mundo nos miraba con curiosidad. Un día se acercó un hombre malayo a hablar con nosotros en inglés, estaba tan sorprendido por vernos allí, disfrutando de la comida local, que nos invitó a probar un postre típico.

Lo más gracioso de todo era que al otro de lado de la calle había un centro comercial de cinco pisos y con una gran variedad de restaurantes que servían comida similar cuatro o cinco veces más cara. Lo que sí echo de menos de “Putra Mall” es su salón de masajes.

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Centro comercial Putra.

Al final del mes tuvimos una grata sorpresa, nuestros amigos malayos, Jeff y Hilmy, nos invitaron a un concierto de Video Games Live. Como siempre, IMPRESIONANTE.

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Concierto de Videogames Live.

 

 

MARZO

Es un mes que me hubiera gustado pasar por alto si no fuera porque el 29 es mi cumpleaños.

ATENCIÓN: Drama time on.

Si los problemas de salud de Febrero eran serios, los de este mes fueron marcianos.

Yo pillé un resfriado, o eso creía, hasta que una noche me salió un sarpullido por todo el cuerpo y la cara se me hinchó tanto que parecía que me habían inyectado silicona. Me tomé un antiestamínico y la cosa se calmó un poco.

Al día siguiente fuimos al ver al mismo médico que trataba a Kike. El hombre me asustó cuando me dijo que cabía la posibilidad de que yo hubiera contraído el dengue. Para estar seguro del diagnóstico me haría un análisis de sangre.

No recuerdo muy bien la espera porque estaba con fiebre, pero para Kike fue horrible porque ya empezaba a montarse la película en su cabeza de lo que podría pasar…

Cuando nos dijeron que no era dengue y que solo se trataba de un resfriado que me había sentado como una patada en el culo respiramos tranquilos. Con la medicación adecuada, la cara se deshinchó y las erupciones cutáneas, que parecían quemaduras, desaparecieron.

Si lo bueno se acaba, lo malo también.

ATENCIÓN: drama time off.

 

Al final de mes estaba eufórica. Me lo estaba pasando bien en Kuala Lumpur, pero celebrar mi cumpleaños en Singapur eclipsaba todo lo demás. El mundo era de color violeta (porque el rosa no me emociona).

 

SINGAPUR

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Entrando en Singapur.
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Felicidad en estado puro.

El día 29 de marzo del 2016 será una fecha para recordar durante el resto de mi vida, a pesar de echar de menos a familia y a amigos.

 

Mi primer regalo.

Llegó alrededor de las doce de la mañana por whatsapp: “Al final te has salido con la tuya, cabrona”.

Una de mis mejores amigas, Patri, acababa de dar a luz a su segundo hijo. Desde que supo la fecha del nacimiento, alrededor del 20 de marzo, yo estuve bromeando con que iba a nacer el mismo día que yo. Y así fue. Seguro que es un buen mozo, tan guay como su tía postiza.

 

Mi segundo regalo.

Nos encontramos con un amigo que trabajaba en Unity Singapur (para quien no lo sepa, Unity 3D es el motor que utilizamos para desarrollar Rise&Shine). Nos pusimos al día frente a una buena comida malaya, hacia unos 8 años que no nos veíamos.

Después de un buen postre a base de chocolate, nuestro amigo nos invitó a visitar las oficinas de Unity 3D. Me regaló una mochila muy chula de Unity y a Kike, una camiseta y una sudadera exclusivas.

Pero ahí no acabó mi día.

 

Mi tercer regalo.

Aún quedaba la cena, que llevaba esperando con impaciencia desde hacía tres años. Por fin podía volver a reunirme con mi amiga singapurense y su marido español. Celebramos mi cumpleaños por todo lo alto, en un bufet libre de sushi. ¡Qué más se puede pedir! Felicidad en estado puro.

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Gracias por la celebración.

 

Mi cuarto regalo.

Llegó un día más tarde, pero me dio igual.

Vistamos a otro amigo que trabajaba en Lucas Arts. Nos mostró el jardín donde está la estatua de Yoda y disfrutamos de un bibimbap coreano.

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Por la noche no quería volver a casa, quería disfrutar todo lo posible de Singapur y de mis amigos.

“Gardens by the Bay”. Jardines espectaculares de día y de noche.

 

ABRIL

Después de Singapur fuimos a Bali, Indonesia.

Lo que más me impresionó de este lugar fue la llegada al aeropuerto. Los taxistas locales se amontonaban a la salida para llevarte a donde quisieras por un “módico precio”. Por suerte, nosotros ya teníamos contratado el transporte para ir a nuestra residencia en Nusa Dua.

Puedo decir que recibí un shock bastante grande cuando acabamos en mitad de la selva, en el primer piso de una casa construida por un arquitecto suizo. El hombre vivía allí, rodeado de gatos, gallinas, perros, gente local y una moto como único transporte.

La vivienda en la que íbamos a pasar los próximos cinco días no se parecía demasiado a lo que había visto en las fotos. El lugar era como una enorme terraza con un techo de madera. Todo estaba abierto y las únicas pareces que había eran las de la habitación para dormir. El cuarto de baño no tenía puerta y cada vez que uno de nosotros iba a usarlo avisaba al otro para poder disponer de algo de intimidad. Está bien ser una pareja, pero hay cosas que no es necesario compartir.

El sitio no me gustaba, había demasiados bichos: saltamontes gigantes, moscas, mosquitos, avispas de todos los colores, gekos que no nos dejaban dormir por la noche…

De todas formas le di una segunda oportunidad, a pesar de que la conexión a internet estaba muy restringida y era imposible mantener una conversación por Skype (imprescindible para nuestro trabajo diario).

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Base de operaciones en Nusa Dua.

Recién llegados salimos a explorar los alrededores. Nos dirigimos al warung (restaurante) que el dueño del piso nos recomendó y nos encontramos con una dependiente que no estaba muy por la labor de atendernos. Estaba más interesada en su móvil que en servirnos una comida como anunciaba el nombre de su negocio. Así que nos marchamos de allí en busca de otras opciones.

Caminamos por el arcén de una carretera donde las vacas pastaban libremente. A un lado se apelotonaban los warungs, establecimientos que parecían chabolas, construidos con cuatro palos y en los que se vendía comida casera. Justo al otro lado de la carretera se levantaban los muros de los complejos hoteleros como el Hilton.

Los locales no miraban extrañados al vernos andar por allí porque los extranjeros no salían de los hoteles. Nosotros nos atrevimos a entrar en el primer warung donde la dueña nos ofreció su comida con una sonrisa.

No sabíamos el idioma, pero con buena voluntad y por señas nos hicimos entender. El humilde plato de arroz blanco con verduras picantes, tortilla y carne nos supo a gloria.

Los locales que estaban en el warung comentaban la jugada. El sitio era para salir corriendo, si mi madre me hubiera visto comer allí… Lo que no te mata te hace más fuerte.

La única ventaja que encontré en mi estancia en Nusa Dua fue la playa que el dueño del piso nos mostró. Estaba escondida y solo la gente local la conocía. Había que pasar un templo lleno de monos (que no son tan monos como parecen), bajar una larga escalera y se llegaba al paraíso. El agua cristalina, sin olas ni bañistas.

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Playa en Nusa Dua.

Un día decidimos ir a visitar otra playa que había a unos quince minutos andando de donde vivíamos y nos llevamos una gran decepción. Encontramos una playa llena de basura de todo tipo. Continuamos andando porque queríamos encontrar una zona donde poder bañarnos sin que nos salieran tres ojos y dos pares de brazos más. Sin darnos cuenta entramos en la playa privada del hotel Hilton. Había un grupo de trabajadores que se dedicaban a mantener la arena y el agua impolutas.

Nosotros aprovechamos que los vigilantes no nos dijeron nada y nos remojamos el culo en ese lugar.

Cuando continuamos con nuestro paseo y dejamos atrás la playa de postal del Hilton la basura volvía a inundar la arena y el mar.

También aprovechamos la semana de estancia en aquel extraño lugar para ir a visitar un templo cercano y probar más comida local. Como siempre, estaría espectacular si no se te cayera la lengua por culpa del picante.

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Templo en un acantilado.

Por suerte solo estuvimos en Nusa Dua una semana y saltamos a otra parte de Bali, a Kuta Utara. Me encantó nuestra nueva residencia. El diseño era perfecto para un clima como el de Bali. La cocina y el comedor eran “conceptos tan abiertos” que hasta los bichos nos acompañaban a la hora de comer. En el centro de la vivienda había una pequeña piscina de agua fresca. Al fondo, dos habitaciones bien aisladas del calor, disponían de aire acondicionado y cuarto de baño propio.

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Nuestra residencia en Kuta Utara, en medio de ninguna parte.

Al llegar intenté trabajar en la mesa la gran mesa de madera que había en la zona de la cocina, mi trasero empezó a quejarse de la dureza de la silla y mi espalda a resentirse por la postura. Así que tuve que desarrollar una nueva habilidad: trabajar en la cama. La verdad es que no me costó mucho acostumbrarme.

 

No todo fue trabajar.

Compramos en un mercado local, probamos frutas exóticas y varios warungs de la zona. El mejor descubrimiento fue uno que estaba a cinco minutos de nuestra casa. El dueño era un australiano jubilado, casado con una chica local, él nos dijo que había abierto el negocio para no aburrirse. Me sorprendió mucho conocer a este hombre porque muy pocas veces en la vida tienes la oportunidad de hablar con una persona así. Compartía con nosotros su maravillosa cocina de fusión y su filosofía de vida, muy parecida a la nuestra.

Nuestros días en Kuta Utara pasaron rápido porque enseguida entramos en una rutina de trabajo, ejercicio y salidas a comer en el warung del australiano. Hicimos pocas excursiones, pero la mejor fue la que la mujer balinesa del australiano nos organizó porque en un solo día recorrimos los lugares más emblemáticos de Bali.

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Algunas fotos de nuestra estancia en Kuta Utara.

 

El 25 de Abril cambiamos de país. Volamos a Phuket, Tailandia.

 

MAYO

Fue uno de los meses más intensos de trabajo y apenas salimos de casa. Pero la principal razón por la que no hicimos excursiones fue por la falta de transporte público porque negociar con un taxista era agotador, sabías que llegaras al acuerdo que llegaras, te estaría timando.

A pesar de todo, he de decir que el apartamento donde estuvimos ese mes fue espectacular. Era de “concepto abierto” y con una habitación, además de piscina privada que ayudaba a soportar las altas temperaturas tropicales.

Lo malo de la estancia en este lugar era que cada vez que teníamos que ir a comer nos tocaba andar unos veinte minutos bajo el sol. El paraguas con protección solar era imprescindible para caminar al medio día sin que se te derritieran los sesos.

Los primeros días localizamos los establecimientos a los que iríamos a comer durante el resto del mes. También descubrimos un centro comercial en el que había un supermercado en el que tenían hasta sushi. Lo más complicado de ir a este lugar residía en el calor agobiante y cruzar una carretera en un país donde las normas de tráfico brillan por su ausencia.

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Probando un buffet libre en que tenías que cocinarte tú mismo la comida.

Después de estar medio mes limitados a nuestro pequeño entorno estuvimos barajando la posibilidad de alquilar una moto para desplazarnos por la isla. En cuanto vimos como un guiri tenía un accidente delante de nosotros se nos pasaron las ganas de alquilar este vehículo infernal. El accidentado tuvo suerte, solo se rascó el codo.

Entonces pensamos en alquilar un coche y aunque tenía miedo de conducir en un lugar tan caótico estaba dispuesta a intentarlo. Y lo hubiera hecho, si mi carnet de conducir español no estuviera caducado. En realidad podríamos haber alquilado el coche, pero el seguro no se haría responsable si teníamos un accidente y la idea no nos hacía nada de gracia

Una mañana nos atrevimos a coger un taxi para ir a una playa cercana. Después de bañarnos comimos pescado asado en unos tenderetes cercanos. Toda una experiencia.2016-05-12 11.32.23.jpg

Otra tarde fuimos a la ciudad, a un mercadillo y nos pusimos hasta las cejas de comer: dulces, pinchitos, noodles, macarons, tartas, sushi…

Una noche hubo una tormenta tan espectacular que nos quedamos sin luz. Hacía tanto calor sin el ventilador y el aire acondicionado que era imposible pegar ojo. Lo peor ocurrió la noche siguiente: la invasión de las termitas. Entraron unas cuantas por debajo de una puerta que daba a la piscina. Tuvimos que usar toallas para evitar que el resto se apoderaran de nuestro piso.

A la mañana siguiente, todo el exterior estaba lleno de miles de alas que las termitas habían perdido.

Aunque la experiencia más espeluznante que viví fue mi encuentro con la fauna local.

Me desperté una mañana y fui a la cocina. Medio dormida vi por el rabillo del ojo que algo se movía por el suelo. Creía que era una cucaracha, pero al acercarme me di cuenta de que era una araña más grande que mi mano. Pensé en matarla, me dio pena, además de que iba a ponerlo todo perdido… Así que opté por buscar una manera de atraparla y devolverla a la selva de la que se había escapado. Busqué por la cocina un tupper grande y sin darle demasiadas vueltas a lo que hacía, metí a la araña dentro. Estaba loca, sí, porque la cosa no podría haber salido tan bien. La devolví sana y salva al mundo salvaje.

Otra experiencia, que solo ocurre en estos países tropicales, la vivimos un día al ir a por la comida. Así, como quien no quiere la cosa, nos encontramos a tres lindos gatitos jugando con una serpiente verde fosforito. No entiendo de bichos, pero supongo que sería algún tipo de víbora. Los mininos le arreaban zarpazos como si fuera un juguete mientras la serpiente intentaba escapar. La víbora se lanzó hacia donde estábamos nosotros y en el último momento se giró para subirse por el tronco de un árbol.

Le contamos lo que habíamos visto al dueño del piso y el hombre, de Dinamarca, nos dijo que era lo normal, que hacía unas semanas un vecino había encontrado una king cobra en el jardín de su casa, que era lógico pues estábamos justo al borde de la selva.

Vale, después de escuchar eso nos volvimos un poco paranoicos y solo queríamos largarnos de allí. El campo está bien para un ratito, nosotros somos más de ciudad, de edificios, centros comerciales y todas las comodidades que puedes encontrar en la civilización.

Así que nuestro siguiente destino fue regresar al punto de partida: Kuala Lumpur, Malasia.

 

JUNIO

Regresamos a Kuala Lumpur porque queríamos civilización. Estábamos hasta el moño de bichos. Aunque el motivo principal era el vuelo que en pocos días teníamos que tomar para ir a Los Ángeles. El E3 nos esperaba, nuestro juego iba a estar en el stand de Xbox, un sueño hecho realidad.

Esta vez no tuvimos que saltar de un sitio a otro ni tampoco sufrimos problemas de salud. El piso alquilado estaba en una de las zonas con más vegetación de toda la ciudad, un lugar despejado y tan alto que no hacía falta aire acondicionado. Desde allí podían verse los tres centros comerciales unidos que nos ofrecían todo lo que necesitábamos.

Justo al lado de casa teníamos un mamac, el típico restaurante indio donde servían comida buena, bonita y barata.

Nuestra estancia en KL fue inmejorable. Sin dejar de lado el desarrollo de Rise & Shine tuvimos tiempo de todo.

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Típica tormenta malaya vista desde nuestro balcón.

Invitamos a cenar a nuestros amigos a casa, Jeff y Hilmy. Cocinamos una típica tortilla de patatas con cebolla, guacamole y sangría (a pesar de nuestra aversión a los fogones).

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Tortilla española triunfando por todo el mundo.

Experimentamos las “maravillas” del mes de ramadán. Para los musulmanes era costumbre no consumir ningún alimento durante las horas de sol, así que la gente solía levantarse antes del amanecer para desayunar fuerte y no volvía a comer nada hasta el anochecer, alrededor de las 19:30. Lo más fascinante, para un occidental como yo, era que a las 17:00 horas se montaban muchos mercadillos de comida y la gente compraba la cena para compartirla con la familia. Hilmy nos llevó una tarde a uno de estos mercadillos y nosotros sucumbimos ante la gula. Compramos tal cantidad de comida que nos duró varios días.

Según nos contaron, era muy normal que en el mes de ramadán la gente engordara por los atracones que se daban al amanecer y anochecer.

En ese mes Kike también dio una charla sobre el desarrollo de videojuegos indie en la universidad donde nuestro amigo Hilmy daba clases.

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Kike haciendo de profe.

 

El 10 de Junio volamos hacia los Ángeles. Creo que el vuelo Sanghai – Los Ángeles fue el peor vuelo de mi vida. Y no lo digo por las turbulencias o porque ocurriera algo inesperado, sino porque hacía un frío horrible: no podía dibujar en el ipad porque las manos se me quedaban congeladas. No exagero. Era imposible dormir porque por mucho que pidieras bebidas calientes nunca conseguías entrar en calor.

Nuestra residencia en Los Ángeles fue uno de los lugares más pequeños en los que he estado nunca. Una única habitación que servía de dormitorio, estudio, cuarto de estar… Fue muy difícil encontrar un apartamento con un precio aceptable para nuestra estancia.

La habitación estaba en el barrio coreano, pero los food trucks de comida mejicana estaban por todas partes. Disfruté probando todo tipo de platos.

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Nuestra primera cena en Los Ángeles.

Los primeros días lo pasamos un poco mal por culpa del jetlag.

Tuvimos que acudir al E3 un día antes de que abriera al público porque Microsoft quería hacer una reunión con toda la gente que iba a estar en su stand. La organización me pareció impresionante y a todos nos regalaron unas chaquetas para llevar cuando estuviéramos atendiendo al público.

Los siguientes días fueron muy estresantes. Por unos instantes vimos como los famosos viven su día a día.

Kike tuvo una entrevista en el show de Geoff Keighley y aunque apenas habló durante dos minutos, porque el programa era en directo, tuvo una grata sorpresa al final: se encontró con Hideo Kojima en el plató. Kike le estrechó la mano y le dijo que era un gran fan de su trabajo.

Después de esta experiencia siguieron otras tantas entrevistas con medios de prensa y un Twitch en el canal de Xbox en el que Kike hablaba y yo jugaba al juego en directo. La experiencia estuvo bien, pero hubiera estado mejor si los dos no hubiéramos llegado al evento mareados porque habíamos probado unas gafas de realidad virtual hacia unos minutos.

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Algunas fotos del evento.

También participamos en otro evento fuera del E3: Indie Mix. Una selección de juegos independientes que se presentaban a la prensa.

La experiencia en este evento fue muy positiva tanto a nivel personal como profesional.

 

Después del E3 disfrutamos de unos cuantos días más de Los Ángeles para recuperarnos y hacer turismo. Visitamos los sitios emblemáticos de la ciudad y nos hicimos las fotos de rigor.

 

 

JULIO

De vuelta en Valencia.

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Uno de mis puentes preferidos de la ciudad porque está custodiado por cuatro gárgolas.

Después de estar tantos meses lejos de la familia y amigos es una gran a alegría volver a reencontrarte con ellos.

En esta ocasión nuestra residencia estaba situada cerca del centro de la ciudad, en lo que debería ser una buena zona, sin embargo enseguida nos dimos cuenta de que no era así.

Era imposible dormir porque los borrachos de las zonas de fiesta cercanas se pasean de madrugadas entre gritos y canciones.

Me gustaría saber por qué la gente tiene tan poco civismo. Me parece muy triste que varias parte de la ciudad estén consideradas como lugares de alta contaminación acústica y no se haga nada para solucionar este problema.

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Una calle céntrica de Valencia.

AGOSTO

Seguimos en Valencia, dando los últimos retoques al juego y cruzando los dedos para que pueda salir en septiembre. Sin embargo nuestros planes se tuercen una vez más y por cuestiones de marketing debemos retrasar la salida del juego hasta enero del 2017. Es una gran decepción para todo el equipo.

Los tapones para dormir se habían convertido en mis mejores amigos en la cama.

Lo positivo de esta estancia fue disfrutar de la familia y los amigos.

Yuki nos hizo compañía durante unos días porque su dueño necesitaba irse de vacaciones.

 

SEPTIEMBRE

Estábamos deseando que llegara el día de retomar nuestra vida nómada.

El país elegido para viajar fue Japón. Como ya hicimos a principio de año, planeamos quedarnos allí durante tres meses y volver en navidades.

Emprender este viaje nos dio un poquito de pena porque esperábamos que nos acompañaran unos cuantos amigos, pero por diferentes motivos solo uno de ellos se unió a nuestra aventura.

 

Llegamos a Osaka sin mayores contratiempos. Muy cansados y con jetlag, pero felices. Sin embargo, como siempre, la teníamos que liar. El piso que alquilamos estaba al lado de cuatro vías de tren y los tapones seguían siendo nuestros mejores amigos a la hora de dormir.

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Vista desde la ventana de nuestro apartamento en Osaka.

Aun así, creo que todo lo demás sí compensaba.

Cerca teníamos un arcade donde podíamos encontrar muchos restaurantes diferentes para comer. Era difícil decidir qué íbamos a comer cada día: okonomiyaki, kaiten sushi, yakisoba, ramen…

Pronto descubrimos un establecimiento donde vendían comida casera a peso. Si comprabas por el día resultaba ser cara, pero si ibas a partir de las 20:30 y tenías la paciencia de hacer la cola, te hacían un 50% de descuento en todo lo que hubieras elegido.

Hicimos un par de excursiones fuera de la ciudad y por supuestos, visitamos Kyoto. He decidido que la próxima vez que me pase por Japón quiero quedarme unas cuantas semanas en esta ciudad. Es preciosa y quizás me anime a alquilar algún kimono para pasearme por las calles, como hacen todos los turistas.

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Estudiantes de la universidad nos invitaron a hacer de conejillos de indias para practicar la ceremonia del té. Estaba riquísimo.

Esta visita a Kyoto fue especial porque por la tarde asistimos a una reunión de desarrolladores indies: Kyoto indie meetup. Nos dejaron presentar nuestro juego y a todo el mundo le gustó. Conocimos a gente interesante que nos avisó de otros eventos de desarrolladores que tenían lugar en Osaka y en Tokio.

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Presentación de Rise&Shine en Kyoto.

Al final del mes nos planteamos movernos a otra ciudad. Estuvimos barajando posibilidades y al final decidimos seguir en Osaka. Porque si estás a gusto en un sitio ¿para qué vas a cambiar?

 

Un templo que encontramos por casualidad.

 

OCTUBRE

El único cambio que hicimos fue de piso. Buscamos otra parte de la ciudad, lejos de trenes, más tranquila y silenciosa.

Disfrutamos de lo fácil que era vivir en Japón. Todo funcionaba y la gente era amable a pesar de que yo no hablaba ni papa de japonés, salvo cuatro palabras básicas.Intenté aprender algo más de este idioma, pero me resultó imposible.

Este mes teníamos poco trabajo y con la diferencia horaria entre España y Estados Unidos (donde estaba el resto del equipo y el productor del juego) había tiempo de sobra para hacer excursiones.

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Lo que me encanta de este país es que da igual que estés en la ciudad o en mitad de un bosque o en la montaña, por el camino vas a encontrar puestos de comida, máquinas con todo tipo de bebidas y servicios públicos.

 

Mientras, en Valencia se celebraba un concierto de música de videojuegos en el palacio de la música y nuestro Rise&Shine iba a estar presente. Fue una lástima no poder asistir con el resto del equipo y los otros desarrolladores. Nuestros amigos se encargaron de que no nos que no nos faltara ningún detalle y nos enviaron fotos casi en tiempo real.

 

Este mes también asistimos a otro encuentro de desarrolladores indies: Ichi Pixel. Se celebraba en un bar de Osaka y después de mostrar nuestro Rise&Shine, nos llovieron las tarjetas de editores y gente interesada en nosotros.

 

NOVIEMBRE

Nuestros últimos días en Osaka. El sushi y los okonomiyakis típicos de la zona no faltaron.

En este mes empezamos a pensar nuevas ideas para nuestro siguiente proyecto así que disponía de un poco más de tiempo para dedicarme a uno de mis hobbies preferidos: la escritura. Ya llevaba tiempo leyendo muchos artículos de ayuda para mejorar en mis relatos, pero este mes tuve la oportunidad de formar parte de una asesoría de escritura en la que aprendí muchísimas cosas acerca de mi misma y de cómo funciona eso de ser un escritor profesional. Espero poder publicar algún día mis historias (locas), aunque todavía tengo un largo camino que recorrer. Así que continúo trabajando en mi novela: la Hermandad de los Dragones.

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Ilustración de Theo, uno de los protagonistas de La Hermandad de los Dragones.

 

Este mes estábamos muy contentos porque íbamos a ir a Seúl. Lo decidimos a lo loco unas semanas antes. En un primer momento teníamos pensado ir a Okinawa, buscando la playa y el buen tiempo, pero el precio desorbitado de los alquilares nos quitó la idea.

Seúl parecía la opción más sensata, estaba a dos horas de Osaka y a mí me encanta su comida, sus culebrones y chicos guapos.

 

SEÚL

Lo primero que me sorprendió de Seúl fue que la gente hablaba algo más de inglés que en Japón. Lo que ya no me hizo tanta gracia fue el frío.

La llegada a nuestro alojamiento fue un poco accidentada. El taxi se equivocó de calle. Nos dejó en la entrada de un camino empinado y nos dijo que era hacia arriba. Nosotros, con nuestras maletas y mochilas, tiramos cuesta arriba, pero a mitad de camino nos dimos cuenta de que por allí no había ni rastro de la fachada del edificio de nuestra casa (teníamos fotos de referencia). Tampoco teníamos wifi para poder hacer una búsqueda y aunque hubiéramos tenido conexión a internet, google maps no funciona demasiado bien allí. Sí que ves el mapa, puedes señalar lugares, pero no marca cómo llegar de uno a otro, solo indica una línea recta que atraviesa edificios, montañas y todo lo que se le ponga por delante.

Bueno, a grandes problemas, grandes soluciones. Decidí que era mejor dejar las maletas y mochilas en el suelo y que uno de nosotros dos mirara por las calles cercanas. Según las capturas de pantallas que hice antes de salir de Japón, nuestra residencia estaba cerca.

Media cara congelada después, encontramos nuestra casa dos calles más adelante.

He de decir que me he hecho fan del sistema de calefacción coreano. El piso donde estábamos tenía suelo radiante y ventanas dobles. La temperatura se mantenía estable incluso cuando se apagaba la caldera. Era una de las mejores sorpresas que me llevé ya que odio el frío a muerte y no iba muy bien preparada de ropa.

 

Todos los días consultábamos el termómetro y aprovechamos para hacer algunas excursiones por la ciudad. Nuestra primera visita fue a un castillo coreano. Impresionante. Conservaba su muralla, las puertas, los edificios, todo. La gente podía entrar (previo pago) y andar por allí, hacer fotos y viajar al pasado.

También descubrimos que muchos visitantes alquilaban vestidos tradicionales para visitar el palacio. Los ropajes eran muy bonitos, coloridos y yo me quedé con las ganas de probarme uno. No lo hice porque estaba muerta de frío y no parecía que abrigaran mucho más que mi cazadora (otra excusa para volver en primavera).

Asistimos a un festival de linternas que se celebraba en el cauce del río. Era un espectáculo que solo se podía ver de noche y toda la ciudad estaba allí. Las esculturas de papel me recordaron a las fallas, solo que los coreanos no prenden fuego a estas obras de arte.

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Disfrutamos de comida callejera, de mercadillos, de una zona peatonal de tiendas y descubrimos que el cristianismo también alcanzó estas tierras tan lejanas. Entre tantos templos de estilo oriental destacaban las iglesias góticas.

La experiencia estuvo bien, pero yo quería regresar a Japón porque me resultaba mucho más fácil el día a día. En Seúl era un poco complicado encontrar tanta comida lista para comer como la encontrábamos en Osaka. Comprar materias primas para cocinar caro: ¡vendían las lechugas por hojas sueltas!

 

 

DICIEMBRE

De vuelta en Japón.

Aterrizamos en Tokio. Nos costó tres horas ir desde el aeropuerto hasta la puerta de la casa que habíamos alquilado en un barrio residencial, cerca de Ikebukuro. La casa era una cucada, típica japonesa, con el segundo piso de tatami y futones para dormir en el suelo. Todo hubiera sido maravilloso si el sistema de calefacción se hubiera parecido un poco al de Seúl y la casa no fuera una nevera.

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A pesar de que la temperatura media en Tokio era aceptable, pasé más frío allí que en Corea.

Esta parte del viaje fue interesante porque acudimos a una reunión de desarrolladores indies que solo se celebra una vez al mes: Tokyo indies. Nos dieron la oportunidad de presentar nuestro juego a tokiotas y extranjeros, como siempre, fue un éxito.

Es muy agradable ver cómo la gente valora tu juego, porque es un trabajo que ha llevado tres años de desarrollo y sobre el cual tenemos sentimientos encontrados. Por mi parte, yo estoy muy orgullosa de lo que hemos conseguido como equipo: cuatro personas, tres años, presupuesto ajustado y hemos hecho Rise&Shine. No puedo más que maravillarme de nosotros mismos. Pero luego sale mi parte crítica y me dice que yo podía haberme esforzado más, que podía haberlo hecho mejor. Supongo que es lo que le pasa a todo el mundo, estás tan metido en el proyecto que no tienes una visión objetiva de las cosas. Solo espero que a la gente le guste, que disfrute con esta experiencia en la que hemos puesto todo nuestro cariño, sudor, sangre, lágrimas y tiempo.

También “frikeamos” un poco. En Ikebukuro teníamos “Animate”, un edificio de diez plantas dedicado al manga, anime, videojuegos y merchandising (en su gran mayoría para mujeres).

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Algunas foticos frikis.

Pocos días después regresábamos a España y a parte de traernos muchos recuerdos, fotos y experiencias, nos acompañaba un resfriado japonés. No es que fuera grave, pero sí que notábamos que nos afectaba de una manera muy diferente a los resfriados españoles, supongo que tiene que ver con el tema de las defensas, la inmunidad y todos esos temas en los que estoy un poco pez.

 

Durante el viaje de vuelta a Valencia no pude pegar ojo. Quería llegar cuanto antes porque echaba mucho de menos a la familia y a mis amigos. Aunque hablaba con ellos a menudo no es lo mismo que tenerlos ahí y poder verlos siempre que quiera.

 

LOS ÚLTIMOS DÍAS DEL AÑO

Son unos días extraños para mí. En estas fechas he vuelto a retomar el contacto con familiares a los que no veía desde hacía años. Es triste cuando las familias se rompen y el reencuentro ha sido una alegría extra.

Durante estos últimos días no he hecho más que pensar en el año que he llevado. Ha sido intenso, como suele decirse, una montaña rusa de experiencias y sentimientos. Pero lo más importante de todo es que creo que me ha enriquecido como persona y en muchos aspectos de los que ahora mismo no soy consciente. Soy más paciente, más tolerante en general; no me estreso tanto por los problemas y siempre intento encontrar varias soluciones posibles; he aprendido a valorar lo que en el pasado daba por sentado. Y sobre todo, he sido feliz y espero seguir siéndolo en el siguiente en 2017.

Gracias por leerme.

 

 

 

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