RELATO 1 :SE ACABÓ EL RECREO

Relato inspirado en La Hermandad de los Dragones. 

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La arpía chilla y golpea con su garra la pizarra llena de apuntes.

— ¡Lenta! Tus compañeros te aventajan y por eso permanecerás aquí hasta que te parezcas a ellos – dice con su voz estridente y señala las runas de tiza mágica. ¿Qué me importa si esa línea tiene que subir o bajar, girar o detenerse, hacer zigzag o quebrarse?

Miro el libro repleto de símbolos sobre mi pupitre y garabateo en los márgenes en blanco, allí deseo escaparme. Mis trazos construyen formas sinceras que sí comprendo: flores de un jardín, una casa en el bosque, el rostro de mi hermana… la silueta del poeta que nos engañó para traernos a este lugar ¿Por qué aún conservo los recuerdos de esa vida que nos robó?

Lenta, lenta, lenta” repite la profesora. Protesta por mi incapacidad de ejecutar sus estúpidos hechizos. Asegura que antes del amanecer me convertirá en la bruja que todos esperan, aunque sea en contra de mi voluntad.

Mis compañeros ya están cenando en el comedor de este campamento de brujería, engañados por las mismas promesas de futuro que me sedujeron a mí. Ya no puedo escapar y continúo reacia a aprender un solo símbolo de la pizarra.

El tiempo pasa y la tensión crece entre nosotras, tan densa que estallará en cualquier momento. La arpía exige lo que yo no voy a darle. ¿Hasta cuándo aguantaremos?

La luna llena está alta en la noche, su luz atraviesa la ventana cerrada y se sienta en mi libro repleto de runas y deseos inalcanzables. La maestra repite sin cesar la misma explicación que no quiero entender. Va a volverme loca.

El tiempo transcurre tan despacio que hasta la luz de la luna me abandona, hastiada por el aburrimiento. La noche se vuelve oscura, aunque el amanecer nos sorprenderá pronto y ambas seguiremos el mismo punto: ella obstinada en convertirme en bruja; yo, fiel a mí misma.

Me he dormido en la silla, en la clase donde sigo castigada. Despierto sobresaltada por un golpe. La maestra ha dejado caer un libro sobre mi mesa con toda la intención. La desafío con la mirada.

De un manotazo la arpía aparta el pupitre que acaba bajo la ventana. Se inclina sobre mí, sus ojos violáceos no tienen humanidad y su mirada me asusta.

—Aprenderás – amenaza.

—No puedo –digo sin dejar que huela mi miedo.

—Excusas. –Señala la pizarra con una de sus garras, rodeada de plumas negras—. Deja que la magia de las runas fluya.

Veo los símbolos brillar. Siento el poder correr por la clase, asciende por la punta de mis pies y alcanza hasta mi último cabello.

—No te resistas.

— ¡No!

La magia se desliza lentamente; retuerce el pensamiento y roba mi cordura. Me pongo en pie para alejarme de los símbolos y de ella. Casi caigo en su trampa.

—Acéptalo y lo entenderás.

— ¡No quiero entenderlo! –grito, haciéndome daño en la garganta.

Aprieto los puños. Tengo los músculos tensos como un arco a punto de disparar. “No, no quieres que suelte mi flecha” pienso, “porque en ese momento el mundo me temería”.

La arpía acorta la distancia entre nosotras. Se yergue en toda su altura, extiende las alas y parece más grande aun.

—El tiempo se acaba –me advierte—. Sabes qué ocurrirá si no aprendes la lección.

Me muerdo el labio. Sé a quién va dirigida la amenaza.

—Si hacéis daño a mi hermana os arrepentiréis.

—Tú eres la única que puede impedirlo. ¿Por qué te resistes?

—Porque no aspiro a convertirme en un monstruo como todos vosotros.

— ¿Crees que tienes elección?

Me duele la cabeza y paso una mano por mi cara para aliviar la molestia, no lo consigo. No puedo pensar, agotada.

—Ya está bien de juegos –afirmo con resolución.

La arpía asiente, satisfecha y su cabello flota a su alrededor como una nube tormentosa.

El ojo derecho va a estallarme, lo presionó con la mano  mientras camino hacia la pizarra. No puedo ignorar a las runas, ya es demasiado tarde para tratarlas como a desconocidas.

—La resistencia es inútil.

Miro a la arpía por encima de mi hombro. Ella sonríe, mostrando todos sus dientes afilados. Sin el disfraz de profesora sus verdaderas intenciones quedan al descubierto: solo cumple con los deseos que quienes están por encima, de quienes mueven los hilos de la brujería y necesitan herramientas como yo para sus planes.

Para salvar a mi hermana me convertiré en lo que más odio, en una bruja para su ejército.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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